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delibes-la-mortajaTítulo: La Mortaja / Autor: Miguel Delibes / Editorial: Alianza Editorial / Colección: Alianza Cien.

¿Recordáis la iniciativa de la editorial Alianza de mediados de los 90 que lanzaron una colección de pequeños libros a 20 duros cada uno? Pues tengo montón de ellos sin leer. De esas cosas que compras y esperas que sea el momento idóneo para leerlo. Pues bién. Llegó ese momento. He empezado por el número 1 de la colección: el cuento corto La Mortaja de Miguel de Delibes.

 En este cuento corto escrito en 1982 Delibes comprime todos sus temas fetiches: la naturaleza, la muerte y la infancia. El Senderines, un tierno niño frustrado por no ser fuerte y valiente como le hubiera gustado a su, para él, grande y poderoso padre ha de afrentar sus miedos cuando encuentra a su padre muerto sobre la cama. Con una sobriedad y clarividencia que sólo la infancia puede dar decide pedir ayuda a los compañeros de su padre para que lo ayuden a sacarlo de su desnudez antes de dar aviso de su muerte. Pero la vida es como es, y al final nadie le presta esa ayuda más que un mendigo herrante que busca quedarse con la ropa que su padre no va a volver a usar.

Es una historia trémula, tanto en los sentimientos como en las descripciones del microcosmo donde se desenvuelve. Pero a la vez enternecedora por la forma en que Delibes se mete en la psique y la piel del niño, terreno donde desplega gran maestría ya demostrada en obras como El camino (1950) o El príncipe destronado (1973) de forma brillante.

20071015194941-delibesMiguel Delibes (1920 Valladolid) ganó con 27 años el Premio Nadal con su opera prima La sombra del ciprés es alargada. Yo lo descubrí en BUP y El Camino me causó honda impresión haciéndo que hasta el día de hoy tenga a este miembro de la Real Academia de la Lengua Española por el estereotipo del literato nacional en que siempre he soñado en convertirme.

La grandeza de Delibes reside en su falta de academicismo, su forma de conectar con la realidad de su tiempo, su lenguaje que viaja directo a esa parte del cerebro donde radican los sentimientos. Hay una llaneza cautivadora en su narrativa. Como cuando el niño le suelta a bocajarro al vagabundo, El Pernales, que su padre está muerto, y este responde:

La vida es eso. Unos vienen para enterrar a los otros que se mueren. Lo malo será para el que muera el último.

Quizás parezca ridícula la afirmación para los que piensen que la rueda de la vida no tiene final y que no habrás un último, pero si descendemos a la microescala, ese último somos todos aquellos que optamos por no tener descendencia y enterraremos (y hemos enterrado) pero no esperamos que nadie nos entierre.

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